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Tumores
Estromales Gastrointestinales (GIST)
Los tumores estromales gastrointestinales (GIST) son un grupo poco
frecuente de tumores que se localizan en el tracto o tubo gastrointestinal,
lo que incluye el esófago, el estómago, el intestino delgado,
el colon y el recto. También pueden aparecer en la capa de tejido que
recubre la pared del abdomen, el peritoneo, o en el epiplon, una capa de grasa
que cubre los intestinos. También se han descrito casos de GIST en
el apéndice o en el páncreas.
El GIST es un tipo de cáncer identificado hace relativamente poco.
Pertenecen al grupo de los sarcomas de tejidos blandos, un tumor del tejido
conectivo que rellenan o conectan entre sí otros tejidos, como el músculo,
hueso, grasa, nervios, cartílagos y vasos sanguíneos. Los GIST
son tumores del tejido conectivo del tubo digestivo. Pueden
surgir en cualquier punto desde el esófago hasta el ano.
Este sistema nervioso propio del tubo digestivo está formado por un
tipo muy peculiar de células que se conectan unas a otras componiendo
una red que rodea al tubo en toda su longitud. Tales células nerviosas
fueron caracterizadas en el siglo pasado por el histólogo español
Santiago Ramón y Cajal, y así se conocen como Células
Intersticiales de Cajal.. Son células que envían señales
al tracto GI para que se mueva, y ayude a que el alimento y los líquidos
progresen a lo largo de él. Cuando estas células se transforman
en cancerigenas, el tipo de cáncer al que dan lugar es, el GIST.
Los GIST normalmente metastatizan a localizaciones cercanas al tumor primario,
como la cavidad abdominal y el hígado; y se denominan, por ejemplo,
metástasis hepáticas del GIST primario,. Sólo en raros
casos se extienden a los pulmones y huesos.
La historia reciente del GIST es una de las más asombrosas de la oncología.
En apenas dos años, y desde el 2001, se ha descubierto que centenares
de pacientes diagnosticados de otros tumores padecían,
en realidad, GIST, y se ha aprendido a diagnosticar la enfermedad con una
fiabilidad cercana al 100%. Si el vuelco del diagnóstico ha sido mayúsculo,
el del tratamiento no ha sido menor. El fármaco Glivec (Mesilato de
imatinib), empleado para otra enfermedad, aparentemente sin relación
alguna con el GIST, permite controlar la enfermedad con una eficacia inusitada.
Durante años se ha confundido el GIST con el leiomiosarcoma intestinal
que es el cáncer derivado de la transformación maligna, no de
las células nerviosas del intestino, sino de las musculares. Ambas
células son tan similares que los dos cánceres son
prácticamente indistinguibles hasta para el examen microscópico
más minucioso. Sin embargo, la diferencia es crucial, ya que mientras
el GIST es sensible al tratamiento genético con Glivec, el leiomiosarcoma
es completamente resistente a su acción.
La base genética de estos tumores es un cambio (mutación) en
uno de dos genes, el KIT o PDGFR, que provoca que haya un crecimiento y división
continuada de las células tumorales.
Las funciones exactas de KIT en el organismo humano no son aún completamente
conocidas, pero se sabe que está presente en algunas células,
como las pigmentarias de la piel, otras de la médula
ósea y, naturalmente, en las células intersticiales
de Cajal del tubo digestivo.
Diferencias entre los tumores GIST y otros tumores del tracto Gastrointestinal
1 ) Se diferencian de otros tumores del tracto digestivo por el tipo de células
y tejidos en el que se originan:
• Los tumores del GI tienen su origen en células glandulares:
son los adenocarcinomas.
• Los tumores GIST tienen su origen en las células intersticiales
de Cajal: son sarcomas de tejidos blandos.
2) También se diferencian por su pronóstico (probabilidad de
curación) y tratamiento (genético).
Estadísticas
Los GIST son infrecuentes, representan sólo un 0,2% de los tumores
gastrointestinales.
Este porcentaje en España se traduce como (valores aproximados) unos
900 casos conocidos de GIST. En cambio, en Estados Unidos, con una población
mucho mayor, se diagnostican cada año de 3000 a 6000 nuevos casos de
GIST.
Afecta de forma parecida a hombres y mujeres, con una incidencia ligeramente
superior en hombres. Es muy poco frecuente en personas menores de 40 años,
y la mayoría aparecen entre los 50 y los 70 años.
Además hay que añadir, todos los casos diagnosticados de leiomiosarcoma
con anterioridad que, con los métodos actuales de diagnóstico,
resultan ser GIST. Se pensaba que, dentro de los sarcomas intestinales, los
leiomiosarcomas eran los más frecuentes y los GIST auténticas
rarezas. Sin embargo, cada vez más centros desempolvan de sus archivos
las antiguas biopsias de leiomiosarcomas que, sometidas a los nuevos criterios,
resultan ser mayoritariamente GIST.
Así, el leiomiosarcoma verdadero resulta ser cada vez más infrecuente,
mientras que el GIST se encumbra como la variedad de sarcoma intraabdominal
más frecuente. La consecuencia práctica es que si un paciente
fue intervenido hace años de un tumor intestinal, diagnosticado de
cualquier clase de sarcoma o tumor benigno del tejido conectivo, y actualmente
sufre una recaída, es obligatorio analizar en la biopsia original si
realmente se trataba de un leiomiosarcoma. Si la antigua biopsia no fuese
localizable, las implicaciones para el tratamiento son tan grandes que se
justifica completamente tomar una nueva biopsia de la recaída.
Pronóstico
Hasta hace muy poco, el pronóstico de los GIST era malo, pues tenían
muy poca respuesta al tratamiento complementario después de la cirugía.
El pronóstico ha cambiado radicalmente con estos fármacos dirigidos
exclusivamente a matar la célula tumoral.
Diagnóstico
Es importante saber que no todos los GIST son malignos.
El hecho de que los síntomas de estos tumores sean inespecíficos
tiene como consecuencia que no se diagnostiquen de manera precoz. A menudo
son bastante grandes en el momento del diagnóstico, pues producen pocos
síntomas. Son frecuentes los tumores que, en este momento, ya tienen
metástasis. Otras veces se diagnostican durante una intervención
quirúrgica de urgencia, si el tubo digestivo se ha perforado y/o ha
sangrado, se ha bloqueado, o por fatiga asociada a la anemia por sangrado.
En algunos casos, los primeros síntomas pueden depender de las metástasis
en lugares distantes del abdomen.
Para confirmar el diagnóstico es necesario obtener una muestra de tejido
mediante una biopsia.
El especialista anatomo-patólogo juega aquí un importante papel:
estudia el tamaño y aspecto de las células tumorales al microscopio
y luego utiliza técnicas especiales, como la llamada inmuno-histoquímica,
para clasificar los tejidos. Con estas técnicas, el especialista aplica
varios “anticuerpos” a las muestras de tejido. Estos anticuerpos
reaccionan con proteínas específicas de la superficie celular
que son características de unos tipos de células concretas.
Cuando hay una sospecha diagnóstica de GIST, el anticuerpo más
importante que se aplica es el anticuerpo para la proteína KIT. Cuando
estos anticuerpos se unen a su objetivo en la superficie de la célula,
producen una “mancha” o cambio de color en la muestra; la muestra
se conoce entonces por el nombre de “KIT positiva”, y significa
que esta célula tiene receptores KIT en su superficie. Otros términos
que se pueden utilizar en lugar de KIT y que significan lo mismo son c-Kit
y CD117.
El médico utilizará una o varias de las siguientes pruebas para
establecer un diagnóstico correcto:
• Análisis de sangre y orina
• Test de sangre oculta en heces, que determinará
si realmente hay sangrado digestivo, aunque no se vea.
• Pruebas radiológicas: Incluyen las radiografías
simples; los tránsitos gastrointestinales, en que se ingiere una bebida
que contiene una sustancia llamada bario, que dibuja el tubo digestivo como
si éste fuera una plantilla y ayuda a ver los tumores u otras áreas
anormales; el enema opaco, que consiste en lo mismo que el anterior, pero
la sustancia se introduce por el ano y lo que se dibuja es el colon y el recto.
• Endoscopia digestiva: Permite la visión directa
del estómago y la toma de biopsias en las zonas sospechosas, mediante
la introducción por la boca de un tubo llamado gastroscopio. Si el
endoscopio posee un terminal de ultrasonidos, será posible obtener
una imagen ecográfica y valorar el tamaño y extensión
del tumor a las estructuras vecinas.
• Escáner o TAC: Es una prueba de imagen tridimensional
que es útil básicamente para saber si el tumor se ha extendido
al hígado o implica a otros órganos que están cerca del
tumor. A veces también se administra por la boca o en la vena un líquido
con un medio de contraste.
• Resonancia magnética (RMN): Es una prueba
de imagen que utiliza campos magnéticos, y no radiaciones. Menos utilizada.
• Biopsia: La biopsia obtiene una pequeña muestra
o trozo de tejido sospechoso para poder analizarlo al microscopio. Las otras
pruebas sugieren el diagnóstico, pero sólo la biopsia lo confirma,
hace el diagnóstico definitivo. El tipo de biopsia a realizar dependerá
de la localización del cáncer.
Tratamiento
Antes del año 2001, la cirugía era la única posibilidad
de tratamiento para los GIST. Este tipo de tumor no presentaba respuesta a
la radioterapia ni a la quimioterapia tradicional.
En la actualidad, la cirugía continúa siendo el tratamiento
principal en el tratamiento de los GIST. Pero cuando la cirugía ya
no es una opción, existe una eficaz terapia con el fármaco,
Glivec (Mesilato de imatinib), con menos efectos secundarios
que la quimioterapia tradicional.
Se utiliza como tratamiento en los pacientes en que el tumor ya tiene metástasis
en el momento del diagnóstico, haya sido o no posible su extirpación
completa o parcial con cirugía.
Estos nuevos fármacos están diseñados para detener el
crecimiento de las células cancerosas a nivel de los genes y de las
proteínas. Su mecanismo de acción es inhibir la proteína
tirosinquinasa y es tratamiento de elección del GIST metastásico
y/o resecable.
Cualquier paciente con GIST inoperable o metastático debe ensayar el
tratamiento con Glivec, no importa cuán avanzado sea el estado de la
enfermedad o cómo de deteriorado esté el enfermo. Los efectos
adversos son infinitamente menores que los de la quimioterapia y se pueden
apreciar mejorías incluso desde la primera semana de tratamiento.
En algunos casos, un paciente con un GIST inoperable experimenta una reducción
del volumen del tumor de tal calibre tras el tratamiento con Glivec que la
enfermedad se convierte en accesible a una extirpación completa. En
realidad, se desconoce si la cirugía ofrece ventajas sobre continuar
el tratamiento con Glivec. Se están llevando a cabo ensayos clínicos
para resolver esta cuestión. Mientras tanto, ambas opciones son correctas.
Si se opta por la cirugía, es esencial realizar antes un estudio exhaustivo
para descartar la existencia de metástasis ocultas.
La disminución de tamaño suele ser paulatina pero constante.
En muchos casos, el volumen del tumor y de las metástasis sigue disminuyendo
poco a poco, incluso meses después de haber comenzado el tratamiento.
La duración de la respuesta es, en todo caso, larga, mucho más
que la de los cánceres mas comunes tratados con quimioterapia, la mitad
de los pacientes que comenzaron a tratarse con Glivec hace más
de cinco años siguen sin recaer.
Glivec se presenta en forma de cápsulas duras y 100 mg cada una. La
dosis de tratamiento es de 100 ó 400 mg al día, bien en una
dosis diaria, o en dos de 200 mg. Se debe tomar junto con los alimentos y
con un gran vaso de agua debido a que puede irritar la mucosa gástrica.
Es importante comunicar al médico cualquier otra medicación
que se consuma, pues algunos fármacos disminuyen la absorción
de Glivec, mientras que otros la aumentan. La administración oral no
debe llevar a equívocos sobre Glivec: es un medicamento complicado
para una enfermedad complicada. Ni internistas, ni médicos generales,
ni cirujanos deben emplearlo. Cualquier enfermo bajo tratamiento con Glivec
debe estar bajo el control directo de un oncólogo.
La duración óptima del tratamiento es desconocida. Se sabe que
si Glivec se interrumpe, el GIST suele volver a crecer en uno o dos meses.
El tratamiento con Glivec debe de ser indefinido.
Hasta el año 2001 no existía tratamiento eficaz. Hoy en día,
todos los enfermos con GIST se tratan con el nuevo fármaco, mesilato
de imatinib, cuyo nombre comercial es, Glivec. Es un medicamento desarrollado
por científicos de la empresa farmacéutica Novartis, (poseedora
de la patente de Glivec, a finales de los años noventa ex profeso,
para el tratamiento de la leucemia mieloide crónica.
Efectos secundarios de Glivec
Glivec es un tratamiento tóxico que debe ser prescrito y consumido
bajo la supervisión de un oncólogo versado en su manejo. Aun
así, con unas pocas precauciones, la mayoría de los pacientes
puede seguir llevando una vida completamente normal. Al contrario de lo que
sucede con muchos de los efectos adversos de la quimiioterapia, los de Glivec
generran tolerancia; esto quiere decir que son más llevaderos cuanto
más tiempo se consume el medicamento.
Los glóbulos blancos, los glóbulos rojos y las plaquetas de
la sangre pueden descender anormalmente bajo el efecto de Glivec. Si se rebasa
cierto límite, existe riesgo de infecciones y hemorragias graves. Con
toda seguridad, el oncólogo realizará un análisis de
sangre, con mucha frecuencia al principio del tratamiento y a intervalos más
largos a medida que transcurra el tiempo. Si observa que descienden los valores,
suspenderá el tratamiento algunas semanas para permitir la recuperación.
Glivec puede irritar la mucosa gástrica, algo que puede evitarse tomando
el producto junto con las comidas y con mucha agua. El ardor o el dolor en
la boca del estómago son síntomas importantes que se deben comunicar
al oncólogo. Los pacientes con antecedentes de úlcera de estómago
o de duodeno han de consumir protectores gástricos.
La toxicidad hepática es el último efecto adverso común
del Glivec. Por lo general es leve y sólo detectada por el médico
en los análisis debido a un aumento de las transaminasas. Suele mejorar
reduciendo la dosis o interrumpiendo temporalmente el tratamiento.
Cirugía
El objetivo de la cirugía es la extirpación completa del tumor.
Si un GIST se rompe en el interior de la cavidad abdominal mientras se intenta
extirparlo, la recaída es segura. Si a un cirujano le parece que un
GIST tiene mucho riesgo de romperse al manipularlo, lo correcto es iniciar
el tratamiento con Glivec® y dejar la operación para meses después,
cuando el tumor se haya reducido y ‘enfriado’ y resulte
segura su extracción.
Al intentar extirpar todo el tumor, el cirujano puede verse obligado a extirpar
partes o la totalidad de otros órganos.
Radioterapia
La radioterapia no es muy eficaz en el tratamiento de los GIST; aunque puede
utilizarse como tratamiento paliativo (tratamiento no curativo dirigido a
aliviar al paciente y disminuir sus síntomas) para disminuir el dolor.
Quimioterapia
Se utiliza raramente en el tratamiento de los GIST, pues no es muy eficaz.
Seguimiento
Se desconoce qué ocasiona la mutación del gen cKit.. Como es
natural, sin pistas sobre las causas, no existen posibilidades de prevención.
Se recomienda un prolongado seguimiento de los pacientes, pues pueden quedar
células tumorales, que son microscópicas, incluso después
de la cirugía más radical.
Los controles con el médico especialista suelen hacerse cada 3 ó
6 meses en los primeros 5 años, y anualmente a partir de entonces.
Una comunicación regular con su médico es importante para tomar
decisiones informadas sobre su enfermedad.